jueves, 13 de abril de 2017

Y entonces lo dijo.


Al principio del día todo estaba saliendo a la perfección, mi hijo jugaba con Tom, y yo los miraba con la satisfacción de ser la persona con más suerte en todo el mundo. Hasta que llegó él.

Había intentado huir, pero me encontró. Quería llevárselo de cualquier manera y estaba dispuesto a matar para hacerlo. También aquella niña endemoniada, que para mí había dejado de ser niña hace tiempo, sólo quería hacer daño, y no hablo de pequeñeces; hablo de matar si hacía falta. Los detestaba a ambos, pero no podía hacer más que pelear para huir, parece que nunca se cansan, por más daño que les haga siguen adelante, ya no sabía que hacer.

Corrí. Tom intervino y lo enfrentó a él, yo huí, pero la “niña” me siguió, hice todo lo que estuvo a mi alcance. Incluso amenacé con lanzarla por el acantilado, nada servía. La impotencia me estaba consumiendo  mientras me preocupaba por Tom, estaba al borde del colapso, cuando lo dijo, mi pequeño, mi niño, esa alma inocente, lo dijo, pronunció la frase que acabó con todo el mal que había en ellos, regresaron en el acto, a través de sus ojos se esfumaba aquello que los tenía apresados, no importaba donde, caían.


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